Espacio para Expresarte

Rodolfo de León / Cuenta Cuentos


Esta es la historia de un niño inquieto, travieso y soñador con una imaginación tan grande como la vida misma.

Un día Max jugaba que era el rey de todos los monstruos y que estaba luchando con sus enemigos que da la casualidad que era un florero de su madre y la televisión que estaba en la sala de su casa, acción que molestó a la madre de Max, la cual lo mando a su cuarto como castigo por lo sucedido y sin cena.


Max estaba en su cuarto con su pijama listo para dormir, cuando de repende mira unas ramas que cuelgan del techo de su habitación y como Max es un niño valiente que no le teme a nada ni a nadie y le gusta explorar mundos nuevos, se sujeto de una rama y de brazo a brazo como si fuera un primate se adentro en la espesa selva y de pronto divisó en su horizonte un mar. Max se subio a un pequeño barquito y remo y remo por días, semanas, meses y años hasta que divisó una isla.


Al estar Max en la isla, fue rodeado por unos monstruos feos, grandes, de colores, con dientones; pero al descubrir a Max quisieron apresarlo, pero Max como era un niño muy valiente y él era el rey de los monstruos, pronunció las palabras mágicas y los monstruos muy atentos a lo que Max pronunciaba, se dieron cuenta que en efecto Max era el rey de todos los monstruos, así que lo levantaron sobre sus hombros y lo llevaron a donde vivían y le dieron los más exquisitos manjares como todo tipo de postres, carnes, refrescos, etc. Y como ya tenían un rey le dedicaron una canción y se la cantaban y cuando terminaban se la volvían a cantar, una, dos, tres, cuatro, cinco, veinte, treinta, cuarenta y muchas veces más, el pobre de Max ya se había aburrido de escuchar una y otra vez la misma canción.


Así que intentó escapar de aquel lugar, pero los monstruos se dieron cuenta y no permitieron que saliera del lugar, pero como Max era el rey de todos los monstruos pronunció las palabras mágicas y sin más que esperar subio de nuevo al barquito que estaba anclado a la orilla del mar y remo una y otra vez, por días, semanas, meses, años; hasta llegar al otro lado del mar, como pudo se trepo de las ramas y se adentro en la selva hasta llegar a su habitación. Pero toda esa travesía le había despertado el apetito y cuidadosamente salio de su cuarto, bajo las gradas y llegó al comedor, en donde lo esperaba su madre con una estupenda y deliciosa cena con huevitos y frijolitos para Max.


La madre comprendió que la travesura de Max no fue con intención y que habia sido un accidente y Max comprendió que la próxima vez tendría más cuidado con las cosas cuando jugara.


Y… colorín colorado este cuento ha terminado.

¿Por qué nos gustó?
Creemos que Rodolfo de León es un artista completo, que con lo mínimo logra transportarnos hasta donde nuestra imaginación nos lo permite, no hace falta ser un niño para hechar a volar nuestra imaginación y olvidarnos por un momento que somos personas adultas con tantas responsabilidades y pasar un momento alegre sin preocupaciones.


Nos gusto mucho este cuento, porque al igual que Max, hemos cometido nuestros errores pero no por ello no dejamos de soñas, nuestra mente tiene la capacidad de soportar tantos malos ratos y rectificar nuestros errores pero a la vez nos permite continuar y soñar por un momento.


Rodolfo de León, nos hizo por medio de sus gestos, los cuales nos envolvían cada vez más en la trama de cada cuento; el tono de su voz que por instantes la bajaba más de lo normal para que nosotros pusiéramos la mayor atención posible, el argumento que presentó fue algo variado por el tipo de público que se encontraba en su presentación así que fue de cuentos infantiles, tristes, divertidos, de género pero que al final todos llevaban consigo un mensaje para cada cabeza del público expectador.


La interacción fue muy importante ya que hizo que las personas fueran tomandose los papeles de los personajes de cada cuento. Y como bien dijo Rodofo de León, “La palabra misma lo establece, por ejemplo, cuando yo digo bruja, implanto en tu cabeza una bruja única y diferente a la bruja que yo dibujo en mi cabeza. El cuenta cuentos propone imágenes con el verbo mientras el teatro cuenta con más –por decir algo– símbolos físicos”.


¿Qué valores y/o emciones nos conecta a la narración?
Como todo Ser Humano desde que somos niños y aún de grandes seguimos soñando, esto nos sirve como terapia para apartamos por un momento de los problemas que el mundo se ha encargado de envolvernos y succionarnos hasta convertirnos en máquinas.
Como en el cuento de Max, la mayoría cometemos errores pero errar es de humanos y recapacitar para no volver a cometerlos.


Signos, Actividad Artística
Esta actividad Artística como estética, se fue dando en el transcurso de la narración de cada cuento, puesto que el artísta nos fue sorpendiendo, nos llevo de un estado de ánimo a otro y lo más importante nos atrapo en nuestra imaginación que las horas se hicieron agua y tiempo paso desapercibido.


La belleza del relato con cada uno de sus cuentos fue creandonos un reflejo en nuestra imaginación perfecto de cómo eran los personajes y por ende como los personajes eran producto de nuestra imaginación nuestra mente recreo una historia perfecta ya que llenó nuestras espectativas.

Espacio para Expresarte
Quizá Rodolfo, mientras narra las aventuras de “Max”, el niño que viaja al País de los Monstruos; o la historia de la Tasirupeca Jarro (La Caperucita Roja pero contada al revés, es decir al “vesre”), permita delatar un poco de su historia. Rodolfo de León recuerda sus primeras “intervenciones”. Viene, dice, de una familia con tradición en teatro. En un momento determinado decide enfocarse en las artes escénicas, primero como músico, luego como payaso pero al introducirse más en la escena conoce al cuenta cuentos francés radicado en Guatemala Pierre Le Pichón que lo llevaría a considerar el arte de presentar una imagen sólo con el habla.

“El cuenta cuentos es un término moderno, que sin embargo ha existido siempre aunque con nombre distinto (narrador oral). Antes de que existiera la electricidad, el descanso y la palabra tenían un papel importante en las comunidades. En Guatemala aún existen estos espacios tradicionales de comunicación; pero en las ciudades son menos las personas que tienen tiempo de contar una historia”, explica Rodolfo que prepara sus presentaciones desde Antigua Guatemala. Este artista guatemalteco se convierte desde 1999 en un narrador oral escénico encargado de sugerir ideas al espectador para estimular la imaginación. Según indica, al crear imaginarios con la expresión oral se puede prescindir de la teatralidad. “La palabra misma lo establece, por ejemplo, cuando yo digo bruja, implanto en tu cabeza una bruja única y diferente a la bruja que yo dibujo en mi cabeza. El cuentacuentos propone imágenes con el verbo mientras el teatro cuenta con más –por decir algo– símbolos físicos”.

El efecto de las palabras

Sin embargo, Rodolfo admite que últimamente los cuenta cuentos utilizan herramientas de soporte en sus narraciones (títeres, magia y artefactos). “Es un proceso de evolución para este estilo escénico, todo por encaminar a un efecto deseado: la imaginación. La innovación en los actos es la búsqueda creativa para no repetirse. Importa mucho el tiempo y el espacio. Hay posibilidad de experimentar e improvisar. Lo cual es chilero porque aparte de la interacción obtienes otras lecturas de lo que dices”.

Le pregunto sobre la alternativa de la oralidad en contraste de la televisión y el internet, ¿cómo lograr la atención del público en un estado donde no hay tanto movimiento? “El cuentacuentos construye. Es análogo a la lectura de un libro –contesta–. No hay película más hermosa que aquella generada por la palabra. Será difícil destruir este misterio. La imaginación es lo más sublime que tiene el ser humano”.
Las temáticas de Rodolfo son diversas y no plantean moralismo. Si un personaje muere, no se resalta su muerte sino las decisiones, el análisis y el sentido crítico. Para contar una historia, según menciona, lo primero que debe haber es una afección personal con el cuento. Y aunque también incluye un target de público adulto, este cuentacuentos se enfrenta a la petición de los más pequeños: las historias de terror. “Me cuesta integrar el miedo en un acto. Mi personalidad no se presta. Estoy tratando de completar mi repertorio con las leyendas de Guatemala. Por otra parte, el público adulto tiene una dificultad: el hecho de hacerles notar cómo son niños todavía.
Es un gusto verlos transformados”, puntualiza Rodolfo Cuentacuentos quien acaba de clausurar su temporada en el Cerrito auspiciado por el Centro Cultural de España en Guatemala.