Quizá Rodolfo, mientras narra las aventuras de “Max”, el niño que viaja al País de los Monstruos; o la historia de la Tasirupeca Jarro (La Caperucita Roja pero contada al revés, es decir al “vesre”), permita delatar un poco de su historia. Rodolfo de León recuerda sus primeras “intervenciones”. Viene, dice, de una familia con tradición en teatro. En un momento determinado decide enfocarse en las artes escénicas, primero como músico, luego como payaso pero al introducirse más en la escena conoce al cuenta cuentos francés radicado en Guatemala Pierre Le Pichón que lo llevaría a considerar el arte de presentar una imagen sólo con el habla.
“El cuenta cuentos es un término moderno, que sin embargo ha existido siempre aunque con nombre distinto (narrador oral). Antes de que existiera la electricidad, el descanso y la palabra tenían un papel importante en las comunidades. En Guatemala aún existen estos espacios tradicionales de comunicación; pero en las ciudades son menos las personas que tienen tiempo de contar una historia”, explica Rodolfo que prepara sus presentaciones desde Antigua Guatemala. Este artista guatemalteco se convierte desde 1999 en un narrador oral escénico encargado de sugerir ideas al espectador para estimular la imaginación. Según indica, al crear imaginarios con la expresión oral se puede prescindir de la teatralidad. “La palabra misma lo establece, por ejemplo, cuando yo digo bruja, implanto en tu cabeza una bruja única y diferente a la bruja que yo dibujo en mi cabeza. El cuentacuentos propone imágenes con el verbo mientras el teatro cuenta con más –por decir algo– símbolos físicos”.
El efecto de las palabras
“El cuenta cuentos es un término moderno, que sin embargo ha existido siempre aunque con nombre distinto (narrador oral). Antes de que existiera la electricidad, el descanso y la palabra tenían un papel importante en las comunidades. En Guatemala aún existen estos espacios tradicionales de comunicación; pero en las ciudades son menos las personas que tienen tiempo de contar una historia”, explica Rodolfo que prepara sus presentaciones desde Antigua Guatemala. Este artista guatemalteco se convierte desde 1999 en un narrador oral escénico encargado de sugerir ideas al espectador para estimular la imaginación. Según indica, al crear imaginarios con la expresión oral se puede prescindir de la teatralidad. “La palabra misma lo establece, por ejemplo, cuando yo digo bruja, implanto en tu cabeza una bruja única y diferente a la bruja que yo dibujo en mi cabeza. El cuentacuentos propone imágenes con el verbo mientras el teatro cuenta con más –por decir algo– símbolos físicos”.
El efecto de las palabras
Sin embargo, Rodolfo admite que últimamente los cuenta cuentos utilizan herramientas de soporte en sus narraciones (títeres, magia y artefactos). “Es un proceso de evolución para este estilo escénico, todo por encaminar a un efecto deseado: la imaginación. La innovación en los actos es la búsqueda creativa para no repetirse. Importa mucho el tiempo y el espacio. Hay posibilidad de experimentar e improvisar. Lo cual es chilero porque aparte de la interacción obtienes otras lecturas de lo que dices”.
Le pregunto sobre la alternativa de la oralidad en contraste de la televisión y el internet, ¿cómo lograr la atención del público en un estado donde no hay tanto movimiento? “El cuentacuentos construye. Es análogo a la lectura de un libro –contesta–. No hay película más hermosa que aquella generada por la palabra. Será difícil destruir este misterio. La imaginación es lo más sublime que tiene el ser humano”.
Las temáticas de Rodolfo son diversas y no plantean moralismo. Si un personaje muere, no se resalta su muerte sino las decisiones, el análisis y el sentido crítico. Para contar una historia, según menciona, lo primero que debe haber es una afección personal con el cuento. Y aunque también incluye un target de público adulto, este cuentacuentos se enfrenta a la petición de los más pequeños: las historias de terror. “Me cuesta integrar el miedo en un acto. Mi personalidad no se presta. Estoy tratando de completar mi repertorio con las leyendas de Guatemala. Por otra parte, el público adulto tiene una dificultad: el hecho de hacerles notar cómo son niños todavía.
Es un gusto verlos transformados”, puntualiza Rodolfo Cuentacuentos quien acaba de clausurar su temporada en el Cerrito auspiciado por el Centro Cultural de España en Guatemala.


Publicar un comentario